miércoles, 7 de octubre de 2009

XXIII. Haitianos en República Dominicana.

Otro punto importante de descontrol es la haitianización del país. Nadie sabe la cantidad de haitianos que viven en República Dominicana. Se oye hablar de que el número ronda los 2 millones (20% de la población total del país y creciendo). Información reciente confirma que de cada 100 mujeres que asisten al hospital “La Maternidad” a parir niños, 22% son haitianas, muchas de ellas indocumentadas, que no pueden hablar adecuadamente el español y de las cuales el 2% está infectado con SIDA.
No se ve que la el gobierno dominicano muestra de algún tipo de preocupación por la situación. La indiferencia de nuestras autoridades está permitiendo que nuestro pueblo, paulatinamente se funda con el pueblo haitiano. Estos niños de padres haitianos que nacen en el país, son dominicanos, se casan con dominicanas y tienen a su vez niños dominico-haitianos. De esta forma, la cultura haitiana, depredadora e inconsciente, permea en nuestro país.
Podemos ver, sobrevolando la zona, como la isla Española tiene una diferencia marcada de dos colores. El lado haitiano, totalmente deforestado se ve amarillo y el lado dominicano verde, aún. Con el correr de los años, la línea que separa el verde del amarillo se ha ido moviendo de forma acelerada y se ha adentrado en el territorio dominicano. Hoy podemos ver que la provincia de Azua ya es prácticamente desértica.
Por otro lado, la frontera con Haití sirve como puente para el tráfico de ilegales, armas, vehículos, drogas y otras mercancías.
Según Diario Libre, de un total de 577 ciudadanos de 27 diferentes países que guardan prisión en la República Dominicana, Haití encabeza la lista con el mayor número de presos acusados de posesión, distribución y comercialización de drogas (74%).
En cuanto al tráfico de armas, existe información sobre cómo pasan volúmenes gigantescos de un lado para otro de la frontera y viceversa. Un periódico Argentino publicó un artículo que comenta sobre como armas de fabricación argentina y brasileña llegan a manos de delincuentes en Haití vía República Dominicana y sirven a hacer frente a las “Fuerzas de la Paz ” de las Naciones Unidas, donde hay militares argentinos, comenta: “Exportar armas a países en conflicto o con sospechas de actuar como destinos “de traspaso”, aún sin prohibición ni embargo de la ONU, es considerado por las ONGs especializadas una “transferencia irresponsable”. En esa categoría podrían llegar a inscribirse los gobiernos de Argentina y Brasil, que exportan a República Dominicana. Existe suficiente literatura sobre el estado de situación de República Dominicana como para evitar una venta, está comprobado la falta de control y porosidad que existe en la frontera con Haití”.
Todo esto queda confirmado en un artículo de barrigaverde.net que informa sobre la captura, por parte del ejército dominicano, de un cargamento de armas y municiones de contrabando que pretendía entrar en Haití por el puesto fronterizo de Jimaní en Agosto del 2008.
Según el señor Daniel Pou (Investigador Asociado Flacso RD) se sabe sobre miles de armas pertenecientes al desintegrado Ejército haitiano que han sido introducidas a través de la frontera y se ofertan el mercado negro.
El New York Times denunció que guardias y policí­as dominicanos hacen fortunas con el tráfico ilegal de haitianos el cual se realiza en todos los puntos oficiales y no oficiales de la frontera Norte haitiano-dominicana.
Como ejemplo, cada semana, alrededor de 1,000 migrantes provenientes de muchos lugares de Haití llegan a Meyak, con ayuda de las redes de traficantes domínico-haitianos que operan allí. Ahí, los viajes ilegales se planifican a la vista de todo el mundo, los migrantes se pasean a plena luz del día y se ponen de acuerdo con los traficantes, esperando impacientemente que llegue la noche para partir.
Por otro lado, por la frontera no solo se trafica con haitianos, sino que inmigrantes ilegales de otras nacionalidades, como chinos y cubanos aprovechan la vulnerabilidad de la frontera por la corrupción para penetrar a la República Dominicana, país que luego usan como trampolín para llegar a su destino final, los Estados Unidos.
Si observamos los diferentes periódicos dominicanos, veremos que de 2 a 3 de cada 10 noticias tienen que ver con temas relacionados a Haití o a Haitianos.
Inicialmente teníamos presencia haitiana en los ingenios (en los bateyes) y en las construcciones pero hoy vemos haitianos frente a todos los condominios residenciales de la capital, en grupos de 3 y 4 que fungen como empleados de seguridad de estos edificios, los vemos caminando libremente por las calles, madres haitianas con 3, 4 y hasta 5 niños no mayores a 3 años pidiendo limosnas debajo de los semáforos a altas horas de la noche, ya están en los supermercados y en los centros comerciales. Los inmigrantes haitianos trabajan como chóferes de carros, motoconchitas, albañiles, plomeros, guachimanes, entre otras labores.
No deberíamos permitir bajo ninguna circunstancia esta invasión pacífica de los haitianos. Si, por un lado, estamos promoviendo un control estricto de la natalidad de dominicanos, obviamente no podemos permitir esta migración descontrolada de haitianos.
Sacar a los haitianos de República Dominicana nos puede traer ciertas críticas internacionales que deberemos enfrentar, pero este proceso no debe de parar. No por odio a los haitianos, sino por amor a los dominicanos.
¿Qué se puede perder?, si de todas formas, aun teniendo alrededor de 2 millones de haitianos en el país no para el caudal de denuncias que se han presentado ante el sistema Interamericano de Derechos Humanos por el supuesto maltrato a los nacionales haitianos. En Diario Libre del día 23/5/09, se presenta un artículo en el que la primera ministra de Haití, Michéle Pierre-Louis, amenazaba con que las relaciones entre esa nación y la República Dominicana podrían agrietarse por los incidentes en los que se han visto envueltos ciudadanos de los dos países. Dijo que "agresiones recurrentes, asesinatos gratuitos, acosos, repatriaciones intempestivas, incidentes fronterizos, desafían nuestra conciencia y cuestionan nuestra humanidad".
Obviamente denuncias como esta han propiciado presiones internacionales que en los foros internacionales han pesado más que la soberanía dominicana, aquella misma que nuestros dirigentes no han podido o no han querido defender permitiendo que se nos imponga la obligación de otorgar un alto nivel de trato inmigratorio a los ilegales haitianos, nivel que esa misma comunidad internacional nunca soñaría implementar en sus propios territorios.
El problema es que los haitianos están aquí, metidos aquí y si no estuvieran aquí no existiría la posibilidad de esos alegados maltratarlos. Actualmente, en Italia y en algunos países de Europa, a raíz de la crisis internacional que afecta el mundo desde mediados del 2008, se ha creado una ley estricta y con pena de cárcel que prohíbe la contratación para empleo de extranjeros indocumentados. La República Dominicana podría usar los mismos alegatos que usan estos países para defenderse en el ámbito internacional.
Sacar proactivamente a los haitianos del territorio nacional, impedir que entren: colocando más soldados en la frontera, poniendo una pared divisoria (como la Estados unidos tiene en la frontera de México), comprando un sistema de visión satelital infrarrojo u otras ideas como esta podrían ser necesarias pero no son suficientes. La verdad es que “Salen por la puerta y entran por la ventana. “
La inmigración de Haitianos sólo se detendrá cuando, una vez lleguen al país no puedan conseguir trabajo, no puedan “chiripear”, no puedan delinquir. Cuando lo que pueden conseguir aquí sea idéntico o menor a lo que puede conseguir allá (en Haití). En este sentido, la presión debe ejercerse sobre los empleadores de haitianos indocumentados y sobre la policía que permite que haitianos indocumentados “chiripeen”, pidan limosnas o realicen actos de delincuencia en las calles.
Sin embargo, la desigualdad que existe entre los dos países será siempre un problema para el República Dominicana. Por más controles que se pongan, y por más difícil que se le ponga, el haitiano siempre estará en disposición de adaptarse. “La necesidad tiene cara de hereje”. En este sentido, es necesario entender que no existirá un desarrollo económico en la República Dominicana que no arrastre un desarrollo económico en Haití. “Hacernos de la vista gorda” en este tema es simplemente postergar y agrandar el problema.
La República Dominicana, como principal afectado de la situación de Haití debe liderar, a nivel internacional, el que en Haití también se inicie un proceso de mejora parecido al que hemos propuesto en este documento para República Dominicana pero mucho más radical aun.
Según Pelegrín Castillo, (idea con la que estamos totalmente de acuerdo):”La recuperación de Haití y una eventual superación de su actual estado de colapso de las instituciones haitianas sólo será posible si la comunidad internacional -Estados Unidos y Europa -asume la responsabilidad real y de verdadera voluntad política de reconstruir a la vecina nación”. Yo añadiría, y esta vez en contra de Pelegrín, que es imperativo que la República Dominicana, como parte interesada, sea el principal abogado de Haití en foros internacionales y no deje esta iniciativa a la voluntad de la comunidad internacional, ya que, mientras se debate en foros internacionales la situación de Haiti, la velocidad de deterioro progresivo del país es alarmante.
Según “Entreculturas” y el Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes (SJRM): “Junto a la degradación de la economía y a la persistente inestabilidad política, uno de los factores que inciden directamente en la situación de pobreza y sus consecuentes migraciones, principalmente hacia la República Dominicana, es la deforestación”.
Los bosques solían cubrir más de nueve décimas partes de Haití. Hoy en día queda apenas un 2% densamente arbolado. La tala de los bosques, sin una posterior replantación, ha ido erosionando los suelos. La deforestación en Haití se debe, principalmente a dos motivos. Por una parte, encontramos las necesidades agrícolas de un país superpoblado con 8,5 millones y que para poder sembrar necesita talar los bosques. Por otra parte, en Haití, el 70% de la energía, tanto doméstica como industrial, proviene de la madera y del carbón, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Alrededor del 85 % del país es montañoso.
La deforestación hace que las fuertes lluvias durante los cinco meses de la estación húmeda formen turbios torrentes que llevan masivas cantidades de capa superficial hasta el mar. Esto conlleva la pérdida de suelo arable. La erosión también tiene repercusión en las cuencas fluviales. Los sedimentos se amontonan en los arroyos, ríos y lagos, aniquilando la fauna fluvial, además de obstruir los sistemas de irrigación de zonas productivas. Los sedimentos volcados al mar dañan la vida marina incidiendo en la industria pesquera”.
Haití no debe verse como una nación libre y autónoma, ya que ellos mismos no han sabido usar esa libertad ni esa autonomía para su mejoría sino para su autodestrucción. Ese pueblo debe ser guiado desde fuera hasta que se les pueda encaminar, si es que esto aun esto es posible, algo que se ve muy poco probable.

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